jueves, 11 de febrero de 2010


Te leo, y a través del papel escucho esas risas escandalosas que ponen entre paréntesis. Y hasta sabría imitarlas. Te observo con tu eterno palestino y me fijo en si el photoshop o la fortuna han realizado el milagro de ocultar las boceras.

Te veo sonreír y hablar de nosotros y del polo blanco, aquel con el que nos disfrazábamos cada noche, para hacer algo parecido a jugar a los indios y vaqueros mientras Justo se arrancaba con una canción ininteligible de Medina Azahara.

Y me da por quererte.

Y te entiendo y me siento tan cercano a ti como esas madrugadas en las que aquel sitio te agarraba y no te dejaba volver a casa. Y nos contabas tus secretos. Y éramos peterpanes que no queríamos crecer.

Crecimos. Tal vez no nos permitieron no hacerlo. Tal vez nos despistamos, y alguna tarde en la que allí mismo murió alguien, nosotros también morimos y los niños perdidos ya no volvieron a buscarnos.

Nunca saldrá mi perfil, pero si ocurriese, insistiría tanto como tú en que escribiesen que nunca estuvimos mejor que en aquel Nunca Jamás.

Allí donde hacíamos sencillo lo que ahora nos parece tan difícil.

lunes, 1 de febrero de 2010



ETERNA GUERRA
Mi vida es una guerra.
Hoy conseguí evitar la metralla.
Vi las balas pasar cerca
Escuché el aullido de las bombas.
Me ensordecieron los aviones.
Mañana, tal vez mañana no.
Otro día la guerra parará.
Y miraré tranquilo a mis compañeros de trinchera.
A los que consiguieron evitar mi pólvora.
A los que soportaron mi guerra.
Nos iremos de viaje a un lugar sin ruidos.
Al mar.
Y volverá.
Seré entonces un soldado eterno.
Moriré.
Por no entender el sentido de cada contienda.
Por no gustarme.
Por ser un rebelde recluta sin más causa que no serlo.
Por no entenderla.