miércoles, 13 de julio de 2011

Me queda, aunque me queden tan pocas cosas tuyas, al menos el derecho de no preguntarme a mí mismo si te gustaría que publicase uno de tus poemas favoritos.

Me queda, aunque tu recuerdo lo difumine poco a poco el tiempo, el derecho de alegrarme por haberte conocido.


DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojalá alguna de tus entradas fueran dedicadas para mí. Me gustaría saber que piensas de mí.

Anónimo dijo...

"Te quiero" digo sin miedo,
"muy bonita" sin pudor,
tu me dices "yo te aprecio",
pero rechazas mi amor.
Llora por dentro mi cuerpo,
tu sonrisa ya no esta....

Anónimo dijo...

Y en esta duda de quererte sin perderte me da miedo, sobretodo,que no recuerdes.
Mis tripas encogidas van pensando dónde y con quién me estás olvidando.