
Algún día me despedirán del trabajo. Este blog es público y mi foto y mi nombre están ahí. Y no los voy a quitar.
Si no me echan, su padre, millonario, contratará a algún matón para que su hijita no se manche las manos pegándome un tiro en la nuca (los fascistas son así, ante todo cobardes). Es el dinero que ahorraron al no comprar a su hijo una moto de verdad.
Yo soy cobarde. Pero no todos los cobardes somos fascistas ni nos gusta asesinar. Así que escribimos porque al menos nos queda la palabra y porque no es posible que callemos. Pero me da miedo.
Si algún día ocurre, si algún día un extraño accidente me deja más cojo de lo que estoy, no dudaré de que ha sido ella. Sólo les pido que no lo duden ustedes tampoco. Investiguen, por favor: nunca le di motivos para que me odiase. Sólo uno y no intencionado. Con el tiempo me he dado cuenta de que sin querer, y comportándome como habitualmente lo hago, le hice ver que es una vulgar piltrafa. Y eso, por lo visto, a los educados en el capricho y la adulación les genera aún más inseguridad.
Si se cruzan en la calle con ella, no se dejen seducir por su estúpida voz inocente. Como el resto de su existencia, su timbre (el de las cuerdas vocales) es de mentira. Y si ustedes, sin saber por qué, se convierten en su víctima, por favor, mueran de pie pero nunca se arrodillen:
Ha subido a la 3ª planta de la oficina a traer unos canapés salados para invitarnos. Me ha insistido en que cogiese uno y yo le he insistido en las mismas ocasiones en rechazárselo. Lástima que, cuando ha empezado con la ronda de despedidas, a mí me ha llegado una llamada muy importante (cualquier cosa es más importante que dar un beso a esta zorra).
En fin... que se va. Que se pira a otro sitio de una puta vez. Sólo deseo que se encuentre con un equipo que quiera trabajar y hacer las cosas bien. Sólo eso. No que la puteen que bastante tiene ella con aguantarse lo mala persona que es. Sólo que quieran trabajar y que la exijan que trabaje que es lo que más le duele y de lo que menos sabe.
No he conocido a muchas personas más malas y más ruines que ésta en toda mi vida. Así que, que se vaya, lejos, que no me tenga que cruzar todos los días con su puto careto. Y que su hija siga bizca, para que se joda y no resulte que todo en su vida es maravilloso. Que no lo es. Porque estoy seguro de que cuando se acuesta por las noches no duerme bien y que cuando todos los domingos va a rezar a su dios a la iglesia del pueblo, si ese dios existe (que al menos entonces espero que sí) estoy seguro de que se avergonzará de que una tipeja de este percal se atreva a aparecer por allí.
En todo caso, seguiremos vigilando porque allí donde esté, y sin saber bien por qué seguirá jodiéndonos. Es lo que tienen los complejos de inferioridad... nunca descansan.